Historia
Descubre la historia de Jardines de Alfabia.
La historia de la casa y los jardines ya está documentada en época de dominación árabe de Mallorca, que se inició en el año 902 y terminó a sangre y fuego más de tres siglos después, con la toma de Madina Mayurqa en 1229 por parte de las tropas de Jaume I el Conqueridor. Parte del legado islámico permaneció intacto aun en nuestros días, como el artesonado del siglo XII.
Las casas que se encuentran el Alfabia, de tipología gótica con un marcado carácter rural y fortificado, se estructuraban en torno a un patio cerrado, incorporándose una torre en el siglo XVI. La gran reforma del siglo XVIII dotó a Alfabia de sus elementos barrocos, los más definitorios de su actual configuración. Esta reforma supuso una ampliación sustancial de las casas originarias, dotándolas de una nueva distribución y decoración pero manteniendo siempre el concepto de casa rural. La fachada que hay actualmente es de 1760. En la segunda mitad del siglo XIX se produjo una nueva e importante intervención que modificó parte de las reformas anteriores. Puedes ver la cronología deslizando abajo. Encontrarás, entre otras curiosidades, cuándo Jardines de Alfabia abrió sus puertas a las primeras visitas turísticas o cuándo se estrenó la parada del famoso Tren de Sóller.
La Reina Isabel II de España, también conocida como «Reina Castiza» o la de «los Tristes Destinos» visitó Alfàbia en el año 1860. Su cronista, Antonio Flores, en su libro Crónica del viaje de Sus Majestades y Altezas Reales a las Islas Baleares y Aragón, afirmó sobre la finca:
“La entrada a la quinta de Alfabia es suntuosa, pero la salida por la parte opuesta es una maravilla. Entrar en la casa que es de regulares dimensiones, atravesar sus principales salas, que están corridas y asomarse a la galería que se extiende alrededor del jardín, es quedar absorto y suspenso entre el panorama más variado y más bello que pueda soñar la imaginación humana. A pesar de que la pintoresca sierra de Alfabia se anuncia antes de llegar a la quinta, todavía sorprende que a espaldas de aquél edificio se oculte una naturaleza tan bella y caprichosa. Parece que la naturaleza y el arte son obras de una mano. No se sabe dónde acaba el jardín y dónde empieza la montaña, ésta y aquél parecen una misma”.





















